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Antes de reflexionar acer-ca de lo que Marx hubie-ra pensado de un mundocomo el nuestro, debe-mos empezar por aclararque él no era empírico.No creía que pudiéramosllegar a la verdad sólo contomar trozos de informa-ción de nuestra propiaexperiencia, data points según los científicos, conlos que después integraríamos una imagen de la rea-lidad compuesta de los fragmentos recopilados. Elpensar que muchos de nosotros actuamos casi siem-pre de este modo provoca una ruptura importanteentre Marx y lo que hoy conocemos como sentido co-mún, noción que, por cierto, el mismo Marx detesta-ba: la veía como la forma en la que determinado or-den, ya fuera político o social, transforma su propiaconstrucción de la realidad en un conjunto de ideasaparentemente neutral que después será considera-do parte natural de las cosas. Ya que el empirismotoma sus pruebas de un orden preexistente de lascosas, tiene la cualidad innata de aceptar como rea-lidad hechos que no son más que la prueba de prejui-cios subyacentes y de presión ideológica. Para Marx,el empirismo fue y será un método para confirmar elstatu quo. A él le habría disgustado en especial aque-lla tendencia moderna de debatir a partir de los “he-chos”, como si fueran trozos neutrales de la realidad,libres de cualquier marca histórica, interpretación osesgo ideológico, así como de las circunstancias mis-mas que los originaron.
In trying to think what Marx would have made of the world today, we have to begin by stressing that he was not an empiricist. He didn’t think that you could gain access to the truth by gleaning bits of data from experience, ‘data points’ as scientists call them, and then assembling a picture of reality from the fragments you’ve accumulated. Since this is what most of us think we’re doing most of the time it marks a fundamental break between Marx and what we call common sense, a notion that was greatly disliked by Marx, who saw it as the way a particular political and class order turns its construction of reality into an apparently neutral set of ideas which are then taken as givens of the natural order. Empiricism, because it takes its evidence from the existing order of things, is inherently prone to accepting as realities things that are merely evidence of underlying biases and ideological pressures. Empiricism, for Marx, will always confirm the status quo. He would have particularly disliked the modern tendency to argue from ‘facts’, as if those facts were neutral chunks of reality, free of the watermarks of history and interpretation and ideological bias and of the circumstances of their own production.