Sunday, April 3, 2011

Wittgenstein’s later writings on “seeing (and hearing) & Doing Things with Words

“It is impossible for me to say in my book one word about all that music has meant in my life. How then can I hope to be under- stood?”

As Wittgenstein explains, some- times understanding a sentence means sorting out your experience of it, seeing how it cannot be replaced by any other sentence, just as understanding a musical theme means hearing how it cannot be replaced by any other musical theme.

Wittgenstein turned away from a life of wealth and privilege to pursue profoundly difficult things on an untraditional path. As a young man he was drawn to philosophy by way of engineering. His fascination with the foundations of mathematics led him to Bertrand Russell’s Principles of Mathematics and, in 1911, to study with Russell at Cambridge. After he wrote the Tractatus (1921), the only work published in his lifetime, Wittgenstein decided he had solved all of philosophy’s problems and moved on.

But he returned to Cambridge in 1929, and until his death in 1951, Wittgenstein set aside the systematic philosophy with which he concerned himself in the Tractatus to focus instead on how philosophy creates its own problems when it considers words (such as “knowledge,” “being,” “object,” and “name”) apart from their original, everyday use. He dedicated himself to doing away with philosophical problems by showing that puzzle- ments arise when language “goes on holiday.”

Ray Monk. Wittgenstein, el deber de un genio


El texto trata sobre un filósofo genial, Ludwig Wittgenstein y su trayectoria vital, desde su aristocrático hogar infantil, en Viena, hasta su muerte, en 1951 en Inglaterra, pocos días después de completar unas líneas de su libro, “Sobre la certeza”, con plena conciencia de que su próximo deceso.

Wittgenstein dejó honda huella en la filosofía a pesar de no haber publicado en vida nada más que su Tractatus Logico-Philosophicus, y una modesta crítica de un libro de lógica (aparte de un diccionario, abajo comentado, que no apareció con su nombre). No obstante, su fama se extendió por todo el mundo y conquistó una cátedra en Cambridge alcanzando de justeza las condiciones académicas necesarias para ello. Una situacion en el que su mentor Bertrand Russell y su amigo John Maynard Keynes, tuvieron mucho que ver. Sin embargo W. jamás se adhirió a la enseñanza universitaria y posteriormente renunció a su cátedra al juzgar que no tenía mucho más que decir y no era cosa de repetirse.

Otra excentricidad inigualada hasta ahora, consiste en abandonar el ambiente universitario, luego de escribir su Tractatus en las trincheras de la Primera Guerra Mundial (un lugar obviamente muy poco apropiado para tal menester), para enseñar como maestro de primaria en un perdido pueblo de los Alpes austriacos. Fue allí donde escribió un diccionario de la lengua alemana para uso escolar, adoptado luego por las autoridades pedagógicas de la región.

La vida y la muerte de Wittgenstein muestran una conducta insobornable que asombra en este mundo acomodaticio en el cual tener un puesto seguro y una renta estable es la ambicion de la mayoría. Algunos se escapan de esta norma, pero no desarrollan una orientación filosófica que conmueva a los interesados en la filosofía como lo hizo Wittgenstein. Evidentemente para todos es posible ser original y creativos, pero muy pocos logran, además, que el producto de tal trabajo deje admirados a sus contemporáneos.

Wittgenstein fue inflexible consigo mismo, igual que con sus discípulos y colegas. Su carácter no era próximo a la negociación ni a los compromisos en las cuestiones que le importaban. Visto desde esta perspectiva se comprende lo que escribió poco antes de morir:

Puede que Dios me diga: “te juzgo a partir de tus palabras. Tus propias acciones te han hecho estremecer de disgusto cuando has visto que otros las cometían.” (pág.522)

Ray Monk escribe sobre la vida de W. y su trabajo filosófico. Un libro imprescindible para entender los cambios en su pensamiento y el hilo conductor a través de esas modificaciones: su búsqueda implacable de la verdad sin enredarse en las múltiples trampas que el lenguaje nos tiende a cada paso.

El libro cumple un doble propósito: ponernos al día de la vida y avatares de un filósofo importante del siglo XX y, simultáneamente, proporcionarnos una guía de lecturas y un inicio de comprensión de su filosofía.

Un ejemplo de lo último podría ser este análisis de Monk:

“Comprender el humor, al igual que comprender la música, nos proporciona una analogía para comprender la concepción que Wittgenstein tenía de la comprensión filosófica de las cosas. Comprender no es descubrir hechos, ni extraer inferencias lógicamente válidas de premisas aceptadas –ni, menos aún, construir teorías-, sino que consiste en adoptar el punto de vista adecuado (desde el cual “ver” el chiste, oír la expresión de la música o ver la manera de salir de la niebla filosófica). Pero ¿cómo explicamos o enseñamos lo que queremos decir con el “punto de vista adecuado?”(Pág.480)

… y no sigo con la respuesta que proporciona el mismo Wittgenstein porque ocupa media página y además tendría que seguir, luego con el comentario de Monk; resulta más práctico que el lector(a) lo descubra por su cuenta.

Monk se lee sin dificultad, aunque con la necesaria reflexión que demanda una biografia filosofica(no es una novela). El libro ayuda a los que se interesan particularmente por la obra del filósofo, un excelente esfuerzo de divulgación.

Monk((1990), Monk, Ray, "Ludwig Wittgenstein. El deber de un genio", Anagrama, Biblioteca de la memoria Traducción de Damián Alou, Barcelona, 2da.Edición, 1997, Tit.Orig: Ludwig Wittgenstein. The Duty of Genius, Jonathan Cape, London, 1990

Friday, April 1, 2011

Redefining Malcolm X

“Malcolm X: A Life of Reinvention” gives us a richer, more profound, more complicated and more fully fleshed out Malcolm than we have ever had before,” says Michael Eric Dyson, the author of “Making Malcolm: The Myth and Meaning of Malcolm X” and a professor of sociology at Georgetown University.

The book’s account of the assassination of Malcolm X, then 39, on Feb. 21, 1965, is likely to be its most incendiary claim. Mr. Marable contends that although Malcolm X embraced mainstream Islam at least two years before his death, law-enforcement authorities continued to see him as a dangerous rabble-rouser.

“They had the mentality of wanting an assassination,” Gerry Fulcher, a former New York City police detective who participated in the surveillance of Malcolm X, told Mr. Marable for the book.

That is why “law-enforcement agencies acted with reticence when it came to intervening with Malcolm’s fate,” the book asserts. “Rather than investigate the threats on his life, they stood back.”

Malcolm X himself contributed to many of the fictions, Mr. Marable argues, by exaggerating, glossing over or omitting important incidents in his life. These episodes include a criminal career far more modest than he claimed, an early homosexual relationship with a white businessman, his mother’s confinement in a mental hospital for nearly 25 years and secret meetings with leaders of groups as divergent as the Ku Klux Klan and the Palestine Liberation Organization.

Richard Saunders/Schomburg Center for Research in Black Culture

Malcolm X, the black nationalist, with his wife, Betty Shabazz, and their daughters Attallah, left, and Qubilah around 1962.

Globocop

Humanitarian imperialists have been spinning the bombing of Libya prevented a hypothetical massacre in Benghazi.

Slavoj Žižek: El filósofo de la anarquía

Convertir la Universidad en una empresa es mucho más peligroso para Europa que el fundamentalismo islámico.